Taxones y yacimientos del Terciario ibérico y balear: Catálogo paleornitológico del Terciario ibérico y balear.

Antonio Sánchez Marco.

Este artículo se publicó en el año 1999, en la revista Estudios Geológicos, 55 (3-4): 107-206.

 

INTRODUCCIÓN

Hay sesenta y tres yacimientos terciarios con restos de aves, contando tanto los situados en la península ibérica como los de las islas baleares. De ellos, aproximadamente, diez aportan especies o conjuntos orníticos particularmente interesantes. Una parte considerable de los taxones fósiles descritos o identificados no merecen plena confianza.

Se ofrece un resumen del desarrollo histórico de la paleornitología del Terciario en España.

 

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RESUMEN

El primer documento publicado donde se da cuenta de un hallazgo de restos fósiles de aves en España es obra de E. Harlé. La identificación de estos fósiles, hallados en la Bora Gran se debió a A. Milne-Edwards, naturalista y fundador de los estudios paleornitológicos. Un artículo de M. de Olavarría fechado en 1898, acerca del hallazgo de un huevo en el yacimiento mioceno de Cevico de la Torre, es el primer trabajo de un español sobre restos de aves del pasado.

Después de ésto, quizá lo más relevante sea la identificación que hace E.T. Newton hacia 1914 de los abundantes restos fósiles del yacimiento cuaternario de El Castillo –publicado en 1984-, el estudio de D.M.A. Bate del depósito, así mismo de edad cuaternaria, de Devil’s Tower en 1928 y las descripciones de L. Navás sobre fósiles de la localidad miocena de Libros en 1922. C. Gaillard, paleornitólogo del Museo de Historia Natural de Lyon estudió las aves de varios yacimientos paleolíticos vascos en los años veinte y treinta.

J.F. de Villalta comenzó en la década de los sesenta una nueva etapa. Confeccionó un catálogo de las aves del Mioceno y otro con las del Cuaternario. En 1968, A. Eastham publicó un estudio de un yacimiento de Gibraltar. A partir de entonces, ha trabajado en diversos yacimientos españoles. Es en la década de los años ochenta cuando empieza a producirse un incremento considerable en la atención a las aves del pasado. C. Mourer-Chauviré participa en dos proyectos de investigación españoles. También abarca toda esta década la actividad que encabezan J. Boessneck y A. von den Driesch en el marco del Instituto Arqueológico Alemán, quienes estudian yacimientos holocenos españoles, si bien el primero de los investigadores ya había realizado sendos estudios en 1969 y 1973. Este es también el periodo en que se incorporan nuevos investigadores, que amplían notablemente lo que se sabía en este campo. Se estudian yacimientos cretácicos -interesantes para el conocimiento de la evolución temprana de las aves- yacimientos de Baleares y Canarias -que se suman a los avances por comprender los fenómenos de insularidad- y localidades peninsulares terciarias y cuaternarias –que se insertan en problemáticas paleozoogeográfricas, paleoclimatológicas, sistemáticas, de las relaciones hombre-aves, etc.

 

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ABSTRACT

It is reported sixty three tertiary localities having avian remains accounting those situated both in the Iberian peninsula and in the Balearic islands. Aproximately, ten of these sites yield individual species or collections of most interest. A substantial part of described or identified paleotaxa do not deserve confidence.

A brief outline of the historic development of the Tertiary palaeornitho­logy in Spain is given.

 

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ESQUEMA HISTÓRICO DE LA PALEORNITOLOGÍA DEL TERCIARIO EN ESPAÑA

El primer escrito en el que se da cuenta de un hallazgo relacionado con aves terciarias se debe a M. de Olavarría (1898). Se trataba de un huevo aparecido en la localidad de Cevico de la Torre, y puede decirse que este trabajo inaugura la paleornitología española. Este trabajo fue seguido por otros dos realizados por E. Hernández-Pacheco (1914a y b). Un año después, se publicó otro trabajo, de E. Hernández-Pacheco y J. Dantin (1915). Los afloramientos a los que se refieren son los de Cerro del Otero, la Puebla de Almuradiel y Cevico de la Torre.

Estos trabajos reflejan en la literatura especializada de este país un interés naciente por la paleornitología. Aunque éstos pueden considerarse precursores de trabajos posteriores, su alcance fue bastante limitado. Los autores no pretenden estudiar los restos de aves, sino sólo mencionar su presencia junto con una rápida y poco esmerada identificación.

En los comienzos de la siguiente década, en otros dos nuevos artículos, E. Hernández-Pacheco (1921a y b) aparentemente revisa el material que había mencionado en sus trabajos anteriores. Fechados en 1922, aparecen los primeros artículos que pueden ser valorados como un verdadero estudio de aves fósiles del Terciario ibérico. L. Navás (1922 a, b) distingue una nueva especie en el famoso yacimiento mioceno de Libros. Varios años más tarde, F. Hernández-Pacheco (1929), hijo de E. Hernández-Pacheco, consagra un artículo exclusivamente a dos pistas de huellas de aves. F. Hernández-Pacheco (1930), en un estudio regional se refiere al hallazgo de tres fragmentos de huesos fósiles de aves: una vértebra, una diáfisis de tibiotarso y un extremo distal con una porción de diáfisis del mismo hueso. Los figura e identifica como Grus? o Ciconiidae?. No hay indicación alguna del punto o puntos donde fueron encontrados. Sólo se sabe que su aparición tuvo lugar en la provincia de Valladolid, en sedimentos del Mioceno. Por otra parte, estos restos han desaparecido.

En los años cincuenta salieron a la luz dos nuevos trabajos que sirvieron para volver a tomar interés por la historia de las aves (Villalta y Crusafont, 1950; Crusafont y Villalta, 1955). Desde estas fechas, y durante los años sesenta los estudios de palaeornitología estuvieron en manos de unos pocos paleontólogos de Sabadell y Barcelona. El primero de los artículos se dedicó al yacimiento de Hostalets de Pierola y, el último, a una nueva especie hallada en El Fallol, ambos en la cuenca del Vallés-Penedés. Posteriormente, Villalta (1963) hizo una revisión de las localidades del Mioceno. Este trabajo incorporó nuevos especímenes fósiles; algunos de ellos fueron clasificados como nuevos taxones. A continuación, Villalta (1965) publica el yacimiento de islas Medas en un corto artículo.

Estos estudios no merecen una total confianza pues los autores tenían una experiencia limitada con las aves. Al verificar sus resultados, estos revelan lo pobres que eran la bibliografía y el material que empleaban en las comparaciones.

La fase actual de la palaeornitología del terciario se abrió con algunas colaboraciones de C. Mourer-Chauviré con algunos paleontólogos nativos. Los escritos surgidos en el presente son bastante accesibles.

Son muy escasos los huesos de aves que han llegado ha ser estudiados, a lo que contribuye el hecho de que  los especialistas no comprometieron con estos más que una pequeña fracción de su dedicación a la paleontología. Sus incursiones en este campo generalmente fueron tangenciales. La carencia de personas interesadas por la aves llegó a imposibilitar la enseñanza y la transmisión de los medios materiales (bibliotecas, colecciones). Los requisitos para el estudio de las aves, incluyendo la formación personal, no fueron fácilmente asequibles. Recientemente, se aprecia un creciente interés por el pasado de las aves. Los estudios que ahora se encuentran en fase de preparación probablemente ayudarán a impulsarlo.

 

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CRONOLOGÍA

El límite superior del Terciario corresponde a la capa “e” de la sección de Vrica, reconocida como un GSSP por la Comisión Internacional de Estratigrafía en 1984. Está datado en 1,64 My (Aguirre & Pasini, 1985). El límite inferior no es materia de controversia en este trabajo porque no hay ningún yacimiento del Terciario ibérico o balear cronológicamente próximo.

La zonación biocronológica del Terciario europeo ha sido objetivo de numerosos estudios. Aquí se sigue la realizada en base a micromamíferos por Schmidt-Kittler (1987), para el Paleógeno, y por Mein (1976), para el Neógeno, ambas con posteriores modificaciones. Se ha seguido así mismo a Fahlbusch (1976) y a Mlíkovský (1995 a) en la correlación de las biozonas MP y MN con las unidades bioestratigráficas. De particular importancia para el Neógeno de Europa y oeste de Asia es la revisión del RCMNS de 1990 (Bruijn et alii, 1992) y la actualización realizada por Calvo et alii (1993), cuyas subdivisiones han sido seguidas en la medida de lo posible.  En los casos en que son difíciles las equivalencias precisas con los términos modernos, se ha mantenido la nomenclatura estratigráfica de los trabajos originales, siempre que fueran correctas.

Las correlaciones son las siguientes:

 

Eoceno inferior Ypresiense MP 7 -10
Eoceno medio Luteciense MP 11 -13
Eoceno superior Bartoniense MP 14 - 16
Priboniense MP 17-20
Oligoceno inferior Stampiense MP 21 - 24
Oligoceno superior Chattiense MP 25 - 30
Mioceno inferior Ageniense Rambliense

MN 1

MN 2

Orleaniense MN 3
Aragoniense

MN 4

MN 5

Mioceno medio Astaraciense

MN 6

MN 7/8

Mioceno superior Vallesiense Vallesiense MN 9 - 10
Turoliense Turoliense MN 11 - 13
Plioceno inferior Rusciniense Alfambriense MN 14 - 15
Plioceno superior Villaniense Villafranquiense MN 16 - 17

 

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LOCALIDADES

Se han contabilizado 63 localidades terciarias, tanto enclavadas en la península ibérica, como en el archipiélago balear. En territorio portugués hay cinco (Sánchez, 1995 a). En la zona peninsular española se han incorporado nueve localidades más a las del anterior censo (Sánchez, 1995 b), con lo que su número asciende a 53. Además de éstas, cuatro yacimientos se encuentran en las Baleares, y otro, Islas Medas, se halla en una isla separada del continente por un canal.

La mayor parte de la información sobre las aves del Terciario ibérico procede de yacimientos con restos óseos. Son muy escasos los restos de cáscaras de huevo y los afloramientos con icnitas. Se tiene noticias de lajas con impresiones de plumas, pero con escasos datos precisos de su origen. Casi todos los icnofósiles proceden del Paleógeno, donde, de los siete yacimientos conocidos, cuatro son de huellas.

Las localidades siguen un orden cronológico. Sólo se indica la institución donde se guardan los restos cuando no aparece este dato en el censo anterior (Sánchez, 1995 b).

 

Localidades terciarias

Figura 1 - Localidades terciarias en la península ibérica e islas baleares.

 

Eoceno

Silveirinha (Baixo Mondego) (fig. 1: 1) es el único yacimiento en la península ibérica del Eoceno inferior (Antunes & Russell, 1981), MP 7. Tres huesos incompletos (húmero, radio y fémur) permitieron identificar Fluviatilavis antunesi  Harrison, 1983. Clasificada en el orden Charadriiformes, familia Recurvirostridae.

 

Oligoceno

Se cuentan cuatro yacimientos con icnitas, atribuidos al Oligoceno: Peralta de la Sal (Huesca) (fig. 1: 2). Hernández-Pacheco (1929) encontró pistas de pequeñas “palmípedas” y limícolas. Agramunt (Lérida) (fig. 1: 3), del Oligoceno inferior o medio (Santamaría et alii, 1989-90), presenta icnitas asignadas a Ciconiiformes (Casanovas & Santafé, 1982). Liedena (Navarra) (fig. 1: 5), afloramiento con muchas huellas aún por identificar (Raaf et alii, 1965). Sùria (Barcelona) (fig. 1: 7), que ha suministrado dos placas, con una pista cada una, de sendos icnotaxones. Se encuentran en el Museo Geominero de Madrid.

Tàrrega (Lérida) (fig. 1: 4) ha dado lo que puede ser -está aplastado y muy deteriorado- el extremo proximal y parte de la diáfisis de un tibiotarso. Igual pieza anatómica, erosionada, se halla en Los Barros (Ávila) (fig. 1: 6), yacimiento del Oligoceno medio (Garzón & López, 1978), MP 21/22.

 

Mioceno

En el yacimiento de Navarrete (Teruel) (fig. 1: 8), del Mioceno inferior, MN 2 (Bruijn et alii, 1992), Adrover (1975) encuentra unos huesos que atribuye a Aves. Más interés tiene la descripción de la nueva especie Plesiocathartes ? gaillardi Crusafont & Villalta, 1955, en El Fallol (Barcelona) (fig. 1: 9), del Burdigaliense (Crusafont & Villalta, 1955), aunque este animal tan sólo se conozca por el extremo distal de un tarsometatarso. En el yacimiento de la misma época de Can Mas (Barcelona) (fig. 1: 10), Villalta (1963) encontró dos Galliformes: Palaeortyx edwardsi y Miophasianus altus. Recientemente, se ha descubierto el afloramiento de icnitas de Salinas de Añana (Álava) (fig. 1: 11), asignado por Antón et alii (1993) también al Burdigaliense. En Ribesalbes (Castellón) (fig. 1: 12) se encontró una pluma de 25 mm de largo, que se encuentra depositada en el Museo Geominero de Madrid.

Son varios los yacimientos de la biozona MN 4, pero casi nula la información que nos suministran. En el Alto de Ballester (Teruel) (fig. 1: 13), han aparecido escasos y fragmentados huesos que esperan a ser estudiados. En similar situación se encuentra La Retama (Cuenca) (fig. 1: 14) y Estación Imperial (Madrid) (fig. 1: 16). De La Artesilla (Zaragoza) (fig. 1: 17), proceden un pequeño fragmento de húmero y tres falanges. En Córcoles (Guadalajara) (fig. 1: 18), se halló también un pequeño número de restos, de los que sólo sabemos la identificación de Miophasianus sp (Alférez et al., 1982). Els Casots (Barcelona) (fig. 1: 15) constituye un caso diferente por su riqueza en esqueletos de aves. Aún no ha sido estudiado.

Amôr (Leiría) (fig. 1: 19), Orleaniense, MN 5 (Antunes & Mein, 1981; Bruijn et alii, 1992) es uno de los escasos sitios portugueses con restos avianos. Hay un pequeño fragmento de diáfisis figurada en Zbyszevski & Ferreira (1967) que parece indeterminable.

En la biozona MN 6 (Astaraciense) hay restos procedentes de dos afloramientos madrileños, Paracuellos 5 y Paracuellos 3 (fig. 1: 20  y 21). El primero, ligeramente más antiguo que el segundo, no ha ofrecido más que esquirlas inidentificables. En Paracuellos 3 hay doce trozos de hueso pertenecientes a Anseriformes (Sánchez, 1995).

La biozona MN 7+8 (sensu Bruijn et alii, 1992) está representada por varias localidades. Las campañas de excavaciones que se han llevado a cabo durante los últimos años en Toril 3 (Teruel) (fig. 1: 22) están proporcionando una interesante colección de restos, la mayor parte, de Galliformes. De Cevico de la Torre (Palencia) (fig. 1: 23) sólo se conoce un huevo completo (Olavarría, 1898), depositado en el Museo Geominero de Madrid y que Hernández-Pacheco (1914 a) atribuyó a Anser. Lambrecht (1933: 681) se equivoca al decir que en este yacimiento hay huesos de este taxón. Una fúrcula adjudicada a Anas (Hernández-Pacheco, 1914 a; Hernández-Pacheco & Dantín, 1915; Lambrecht, 1933) apareció en el Cerro del Otero (Palencia) (fig. 1: 24). De Escobosa de Calatañazor (Soria) (fig. 1: 25) y de La Cuesta del Rey (Burgos) (fig. 1: 26) proceden unos escasos fragmentos fósiles.

En Hostalets de Piérola (Barcelona) (fig. 1: 27), “Vindoboniense” (Villalta & Crusafont, 1950), estos autores descubrieron uno de los mejores conjuntos del Terciario ibérico. Identifican cuatro especies del orden Galliformes: Miophasianus altus, M. medius, Palaeortyx miocaena y P. edwardsi (Villalta & Crusafont, 1950). Más tarde, Villalta (1963) incorpora Aquila cf. minuta, Palaeoperdix sansaniensis y Fringilla sp.

Phalacrocorax ibericum fue descrito por Villalta (1963) en el yacimiento de los Valles de Fuentidueña (Segovia) (fig. 1: 28), Vallesiense, biozona MN 9 (Bruijn et alii, 1992). De este yacimiento procede una falange pedal identificada (Villalta, 1963) como Aquila cf. minuta. Existen otros restos que están en vías de estudio. De la misma biozona es Can Ponsic (Barcelona) (fig. 1. 29), que ha suministrado interesantes fragmentos óseos, pendientes de estudio. La misma cronología se aplicaría a Ballestar (Lérida) (fig. 1: 30), donde Agustí (1988) identificó tentativamente Palaeortyx miocaena.

En la biozona MN 9 ó 10, se situaría el yacimiento de Libros (Teruel) (fig. 1: 31) (Anadón et alii, 1989). En esta localidad, Navás (1922 a) describió la especie Thiornis sociata, que situó en las actuales Rallidae, y que Olson (1995) ha emplazado entre los Podicipediformes, en el género Podiceps: Podiceps sociatus.También Navás (1922 b) atribuyó una laja y su contra-laja (números 4736 y 4737 del Mus. Nac. Cien. Nat., Madrid) a Anas o Cygnus. La laja 9759 también contiene parte de un esqueleto de una anátida. Aveiras de Baixo (Santarém) (fig. 1: 32) tendría similar coronología. Se hallaron algunos huesos que permanecen indeterminados.

Batallones (Madrid) (fig. 1: 33), MN 10 (Morales et alii, 1992), ha ofrecido los restos más completos, aún por estudiar. Hay huesos completos, aunque rotos, de lo que podría ser un buitre de pequeño tamaño y un paseriforme de tamaño medio. En la misma biozona, aparece otra cita muy dudosa de Aquila sp. sobre dos falanges pedales que Villalta (1963) encontró en Viladecavalls (Barcelona) (fig. 1: 34).

Ya en el Turoliense, en la biozona MN 11, conocemos dos yacimientos: Crevillente 2 (Alicante) (fig. 1: 35), con un fragmento de coracoides de anseriforme y Puente Minero (Teruel) (fig. 1: 36), donde aparecieron algunas garras inidentificadas.

La biozona MN 12 cuenta con cuatro yacimientos. Concud 1 (Teruel) (fig. 1: 37), con escasos restos sin determinar, Los Mansuetos (Teruel) (fig. 1: 38), donde Villalta crea dos especies nuevas: Coturnix ? miocenica y Totanus (=Tringa) teruelensis (Villalta, 1963), e identifica con reservas un resto de estrigiforme. Valdecebro 5 (Teruel) (fig. 1: 39) contenía unos veinte restos que podrían pertenecer a Tyto balearica, así como otros fósiles sin identificar. Aljezar B (Teruel) (fig. 1: 40), objeto de un reciente estudio (Cheneval & Adrover, 1993) que ha descubierto la presencia de Cygnus sp., de dos pequeñas perdices: Palaeortyx cf. brevipes y P. cf. gallica, de una rállida: Paraortygometra porzanoides, de Tyto balearica, así como de una escolopácida y una pequeña paseriforme sin identificar.

Poco es lo que ofrece el Turoliense superior, biozona MN 13. Han sido reportados restos de aves en El Arquillo (Teruel) (fig. 1: 41) (C. Mourer-Chauviré, com. pers.),  en Venta del Moro (Valencia) (fig. 1: 42) (Aguirre et alii, 1974; Morales & Aguirre, 1976) y en las Canteras del embalse de Cenajo (Albacete/Murcia) (fig. 1: 43) (Bellon et alii, 1981). Los del primer yacimiento probablemente sean inidentificables y los tres que había en el segundo, junto con los que hubiera en el tercer yacimiento, se han perdido.

También pendientes de estudio se hallan los escasos restos que se obtuvieron en Lisboa y en Península de Setúbal (Lisboa) (fig.1: 44 y 45), dos afloramientos de edad incierta, que se asignan meramente al Mioceno (M.T. Antunes, com. pers.). Con la misma ambigua asignación cronológica está la localidad de Jumilla (Murcia) (fig. 1: 46), de donde proceden dos huevos que se guardan en el Museo Geominero de Madrid.

 

Plioceno

Existe un cráneo de un ave acuática, probablemente de una Gaviiformes, en el Museo de la Asociación Cultural Paleontológica Murciana, procedente de un yacimiento de edad incierta -quizá Mioceno superior/Plioceno inferior (F. Bernal, com. pers.)-, que había en Mazarrón (Murcia) (fig. 1: 47) y que fue destruido al edificar unas viviendas.

En La Gloria 4 (Teruel) (fig. 1: 48), MN 14, hay un pequeño fragmento de húmero perteneciente a una rapaz diurna de gran tamaño. Recientemente, se ha publicado (Mein & Dauphin, 1995) el estudio de las cáscaras de huevo halladas en esta localidad. Los autores las identifican como de tipo Aepyornis. Convendría reestudiar este material.

 

Tabla de localidades
Tabla 1 - Localidades más importantes por la cantidad o singularidad de los restos encontrados.

 

En el Plioceno inferior, biozona MN 15 (Bruijn et alii, 1992), se encuentra uno de los yacimientos con mayor riqueza, hasta ahora explotada sólo parcialmente. Se trata de Layna (Soria) (fig. 1: 49), localidad donde Sánchez (1989/90) describió Chlamydotis mesetaria (fig. 3). Aquí también se hallaron restos de Tyto balearica (Mourer-Chauviré & Sánchez, 1988). Hay restos sin estudiar en la Universidad de Lyon y en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Entre estos últimos, hay un fragmento de un húmero de grulla y otro de un tarsometatarso de galliforme. En la misma biozona, Arquillo III (Teruel) (fig. 1: 50) ha suministrado restos de Rallidae y Turdidae (Mourer-Chauviré in Adrover et alii, 1978).

Tres yacimientos enclavados en Teruel y de la biozona MN 16 han aportado solamente unos pocos restos fragmentados pertenecientes a aves de pequeña talla: Orrios III (fig. 1: 51), Cerro de los Espejos (fig. 1: 52) y Escorihuela (fig. 1: 53). En Moreda (Granada) (fig. 1: 54) vuelve a aparecer Tyto balearica. Hernández-Pacheco (1921 a) menciona que en La Puebla de Almuradiel (Toledo) (fig. 1: 55) hay huesos de aves. Anteriormente, se conocía la existencia de unas cáscaras de huevo en esta localidad (Hernández-Pacheco, 1914 a, Sánchez, 1995). El último yacimiento de esta biozona, Las Higueruelas (Ciudad Real) (fig. 1: 56), contiene el conjunto ornítico más amplio del Terciario ibérico (Sánchez, en prensa), compuesto por unos 25 táxones, en su mayoría indistinguibles anatómicamente de especies actuales. Este es un dato importante que permite fechar con cierta aproximación la existencia de las primeras ornitofaunas modernas en torno a la biozona MN 16, el comienzo del Villaniense. A este fin, sería interesante conocer más sobre las aves de finales del Rusciniense, como las de Layna, para corroborar si es precisamente en el tránsito de éste al Villaniense cuando se instalan en la península ibérica las ornitofaunas de tipo “cuaternario”.

En la última biozona del Terciario, MN 17, La Puebla de Valverde (Teruel) (fig. 1: 57) suministró tres restos de aves (Adrover et alii, 1974), en paradero desconocido. De Almenara 1 (o Casablanca 1) (Castellón) (fig. 1: 58) se conoce la presencia de Tyto balearica (Mourer-Chauviré & Sánchez, 1988) y de Geronticus eremita (fig. 4) (Sánchez, 1996). Hay más restos de aves en el Museo de Sabadell aún sin estudiar. La Cova de Canet (Mallorca) (fig. 1: 59) es la localidad-tipo de Tyto balearica Mourer-Chauviré et alii, 1980. En la Pedrera de S’Onix (Mallorca) (fig. 1: 60) también hay restos de la misma lechuza junto con Corvus pliocaenus y taxones modernos, principalmente paseriformes (Mourer-Chauviré et alii, 1977, 1980). En el Barranc de Binigaus (Menorca) (fig. 1: 61) tan sólo es destacable la aparición, nuevamente, de T. balearica (Mourer-Chauviré et alii, 1980). La Cova de Ca Na Reia (Ibiza) (fig. 1: 62) es la localidad-tipo de Puffinus nestori Alcover, 1989. El mismo autor identifica Palaeocryptonyx y otras aves actuales. En Islas Medas (Gerona) (fig. 1: 63), Villalta (1965) sólo descubre unos pocos restos de aves modernas.

 

Una considerable proporción de las 63 localidades terciarias aportan poca o nula información sobre las aves, como consecuencia de la escasez y deterioro de los restos fósiles. Las icnitas aún no han merecido estudios minuciosos y lo mismo cabe decir de las cáscaras de huevo, excepto las de La Gloria 4, si bien el resultado parece aconsejar una revisión. Los yacimientos que ofrecen mayor interés, bien por la riqueza de restos, bien porque se han descrito taxones fósiles en sus colecciones, aparecen en la tabla 1. Dentro de esta selección, Silveirinha es la única localidad paleógena. La mejor información procede del Mioceno superior y Plioceno, en particular, del Villaniense. Todos los yacimientos insulares se concentran cerca o en el límite Plio-Pleistoceno.

 

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TAXONES FÓSILES

Los paleotaxones identificados o descritos en este trabajo se ofrecen seguidamente, agrupados en sus respectivas familias. La tabla 2 recoge todos ellos e indica con un asterisco las identificaciones dudosas.

 

Podicipedidae

Podiceps sociatus (Navás, 1922). Sólo se encuentra en la localidad-tipo, Libros. Navás (1922 a) lo incluyó en la familia Rallidae y en el nuevo género Thiornis. Olson (1995) lo transfiere al género Podiceps. El ejemplar de este yacimiento es más similar morfológicamente a Tachybaptus que a Podiceps, pero Olson (1995) lo asigna al segundo género por tener éste

más amplia distribución y por representar el tipo morfológico básico de la familia. En Europa, el hallazgo más antiguo de la familia corresponde a Miobaptus walteri Svec, 1982, en Dolnice 2, Mioceno inferior, MN 4. Esta especie es muy parecida a Tachybaptus (Svec, 1982) y también a Podiceps (Mlíkovský, 1995 b), por lo que es posible que en el Mioceno europeo se esté tratando con un único género.

 

Procellariidae

Puffinus nestori Alcover, 1989. Especie más grande que los distintos táxones del grupo puffinus, se encuentra hasta el presente sólo en Ca Na Reia. Referencias del género Puffinus hay desde el Oligoceno inferior (Stampiense), en el yacimiento belga de Rupelmonde (Cheneval, 1995 a).

 

Phalacrocoracidae

Phalacrocorax ibericum Villalta, 1963. Especie dudosa, exclusiva de los Valles de Fuentidueña, fue descrita en base a un extremo distal de húmero. El género se conoce desde el Mioceno inferior (Ageniense) de Saint-Gérand-le-Puy (Mourer-Chauviré, 1995).

 

Cathartidae

Plesiocathartes ? gaillardi Crusafont & Villalta, 1955. Esta especie está descrita en El Fallol. El único hueso que se conoce de ella es un extremo distal de tarsometatarso. La creación de esta especie es muy discutible. Los restos europeos más antiguos proceden de Quercy (Gaillard, 1908), que cubre del Eoceno superior al Oligoceno (Bartoniense a Chattiense).

 

Accipitridae

Aquila cf. minuta (Aquila minuta Milne-Edwards, 1869-71, es sinónimo de Hieraaetus edwardsi (Sharpe, 1899)). Villalta (1963) atribuye, con dudas, a este taxón el extremo distal de un húmero y una falange pedal de Hostalets de Piérola y una falange pedal de los Valles de Fuentidueña. Estas identificaciones no se pueden tomar como firmes. La localidad más antigua para el género Aquila es también Quercy (Milne-Edwards, 1892).

 

Phasianidae

Miophasianus altus (Milne-Edwards, 1867-71). Especie identificada en Can Mas (Villalta, 1963) y en Hostalets de Piérola (Villalta & Crusafont, 1950).

Miophasianus medius (Milne-Edwards, 1867-71). Este faisán fue reconocido en Hostalets de Piérola (Villalta & Crusafont, 1950) por un extremo distal de húmero.

El género Miophasianus se conoce en el yacimiento francés Vieux de Collonges, de la base del Mioceno medio (Orleaniense) (Ballman, 1972).

Palaeortyx edwardsi Dépéret, 1887. Tanto en Can Mas (Villalta, 1963) como en Hostalets de Piérola (Villalta & Crusafont, 1950), esta especie fue identificada por un fragmento de húmero.

Palaeortyx miocaena Gaillard, 1939. En Hostalets de Piérola, Villalta & Crusafont (1950) atribuyeron dos restos de hueso a esta especie.

Palaeortyx cf. brevipes Milne-Edwards, 1867-71, y Palaeortyx cf. gallica, Milne-Edwards, 1967-71. Ambas identificadas por Cheneval & Adrover (1993) en el yacimiento del Aljezar B.

Palaeortyx aparece en Quercy (Mourer-Chauviré, 1995). Las identificaciones posteriores al Orleaniense no merecen confianza para Mlíkovský (1995 b).

Palaeocryptonyx sp. Varios restos encontrados en Ca Na Reia han sido atribuidos a este género (Alcover, 1989). Es posible que este, u otro género muy próximo, se halle en Las Higueruelas. Este taxón se conoce sólo en el Plioceno y Pleistoceno inferior (Mlíkovský, 1995 b).

Palaeoperdix sansaniensis Milne-Edwards, 1869. Identficada por Villalta (1963) en Hostalets de Piérola. Esta especie aparece en el Mioceno medio de Sansan (Milne-Edwards, 1869-71).

 

Tabla de Paleotasones terciarios
Tabla 2 - Paleotaxones teciarios identificados o descritos en la península ibérica e islas baleares. Los asteriscos indican que sería conveniente el reestudio de los fósiles correspondientes. [Ampliación de la tabla]

 

Rallidae

Paraortygometra porzanoides (Milne-Edwards, 1867-71). Previamente a conocerse en el yacimiento del Aljezar B (Cheneval & Adrover,1993) había aparecido (Olson, 1977) en Saint-Gérand-le-Puy y La Grive-Saint-Alban, Mioceno inferior y medio, respectivamente.

 

Otididae

Chlamydotis mesetaria Sánchez Marco, 1989-90. Sólo ha sido hallada en Layna, Plioceno inferior, MN 15. No hay acuerdo sobre la necesidad de mantener el género Chlamydotis diferenciado de Otis. En Europa, se encuentran avutardas de este grupo desde el Mioceno medio.

 

Scolopacidae

Tringa teruelensis (Villalta, 1963). La localidad-tipo y único lugar donde se ha citado es Los Manuetos. El yacimiento europeo más antiguo donde ha aparecido el géneroTotanus es Quercy.

 

Recurvirostridae

Fluviatilavis antunesi Harrison, 1983. Silveirinha, localidad-tipo de la especie, es también el registro más antiguo de la familia. Convendría reestudiar los restos de este taxón.

 

Tytonidae

Tyto balearica Mourer-Chauviré et alii, 1980. Se ha encontrado en los yacimientos peninsulares de Valdecebro 5 y Moreda (ambos en estudio), Aljezar B, Layna y Almenara 1, y en los insulares Cova de Canet, Pedrera de S’Onix y Barranc de Binigaus. Representantes deTyto se conocen desde el Mioceno medio, en La Grive-Saint-Alban (Ballman, 1969).

 

Corvidae

Corvus pliocaenus Portis, 1889. Citado en la Pedrera de S’Onix (Mourer-Chauviré et alii, 1977, 1980). Así mismo, se ha hallado un resto de Corvus en Las Higueruelas que no se corresponde con ninguna de las especies actuales. El primer Corvus se conoce en Sansan, Mioceno medio (Cheneval, 1995 b).

 

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